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«¡Sí, así, sigue cogiéndome fuerte, papito!» -gritaba la colegiala velluda, con la piel erizada de deseo. Su novio, un macho alfa con una pija enorme, la tenía a su merced, y no dejaba de arremeter contra su culo con ansias insaciables. La habitación resonaba con el sonido obsceno de sus cuerpos chocando, en una sinfonía de lujuria desenfrenada.
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