Sus amigas le contratan a un bailarín para que la inicie

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Las amigas de Lucía tenían un plan para ella esa noche. Habían contratado a un bailarín muy musculoso y con una gran verga para que la iniciara en cosas que ella nunca había experimentado antes. Cuando el hombre llegó, Lucía estaba nerviosa pero también ansiosa por probar algo nuevo. Sus amigas se acomodaron en el sofá, expectantes de lo que estaba por suceder.

El bailarín comenzó a moverse sensualmente al ritmo de la música, despojándose lentamente de su ropa. Lucía no podía apartar la vista de su pija erguida y pulsante. Él se acercó a ella, tomó su mano y la llevó al centro de la habitación. «¿Estás lista para que te inicie, putita?» le susurró al oído, haciendo que Lucía sintiera un escalofrío de excitación recorrer su cuerpo.

Con movimientos provocativos, el bailarín comenzó a tocar el cuerpo de Lucía, deslizando sus manos por sus curvas, apretando sus tetas con fuerza y haciéndola gemir de placer. «¿Te gusta cómo te toco, eh? ¿Quieres que te culee bien duro?» preguntó mientras mordía su cuello con lujuria.

Lucía asintió con la cabeza, ansiosa por sentir la verga del bailarín dentro de ella. Sin mediar palabras, él la empujó contra la pared, levantó su falda y le arrancó las bragas de un tirón. Sin contemplaciones, la penetró con fuerza, haciéndola gritar de dolor y placer al mismo tiempo.

Las amigas de Lucía miraban atónitas la escena, excitadas por lo que veían. Una de ellas se acercó y le ordenó al bailarín: «¡Cogela bien fuerte, hacela gemir como la puta que es!» El hombre obedeció y embistió a Lucía sin piedad, sintiendo cómo su concha se estrechaba alrededor de su verga dura.

El sudor empezó a empapar los cuerpos de ambos, resbalando por sus pieles y mezclándose con los gemidos y los gritos de placer. Lucía pedía más, quería ser cogida hasta el límite, sentir cada embestida como si fuera la última.

El bailarín la volteó y la puso en cuatro patas, revelando su culo perfecto y apetitoso. Sin dudarlo, comenzó a culearla por detrás, enterrando su verga en lo más profundo de su concha húmeda y caliente. Los sonidos de la carne chocando resonaban en la habitación, aumentando la excitación de todos los presentes.

«¡Sí, así, dame más! ¡Cogeme como la puta que soy!» gritaba Lucía, entregada al placer desenfrenado del momento. El bailarín la complacía, embistiéndola con fuerza y rapidez, sintiendo cómo se acercaba el punto de no retorno.

De repente, el hombre sacó su verga de la concha de Lucía y la colocó en la entrada de su culo. Sin previo aviso, la penetró con violencia, haciendo que ella gritara de dolor y éxtasis. El placer invadió su ser, mezclándose con el dolor de la penetración anal.

Los fluidos se mezclaban, la saliva, el sudor y los gemidos formaban una sinfonía de depravación y lujuria. Lucía sentía cómo cada embestida la llevaba más cerca del orgasmo, cómo su cuerpo se tensaba y se preparaba para la venida inminente.

Finalmente, el bailarín no pudo contenerse más y con un gruñido gutural, se corrió dentro del culo de Lucía, llenándola de semen caliente y viscoso. Ella sintió cómo cada chorro la llenaba, cómo el placer la inundaba por completo, haciéndola gemir y temblar de satisfacción.

Exhaustos y sudorosos, se dejaron caer en el suelo, abrazados y satisfechos. Las amigas de Lucía aplaudieron y vitorearon, felices de haber presenciado semejante espectáculo de sexo desenfrenado y sucio.

Así, entre gemidos, fluidos y lujuria, Lucía fue iniciada por el bailarín en un mundo de placer prohibido y extremo, quedando marcada para siempre por la experiencia más sucia y excitante de su vida.

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