una venezolana increiblemente sabrosa que le duele cuando la penetran

Esta venezolana es un espectáculo, una chaviza con un cuerpo de infarto y una cara de ángel que te engaña. Pero cuando le meten la verga, se le transforma la cara. Le duele, se le nota en sus ojos que se llenan de lágrimas y en sus quejidos que son más de dolor que de placer. «Ay, papi, despacito, que me estás partiendo», susurra, mientras el tipo la clava sin piedad. Su conchita es tan apretada que cada embestida la hace arquear y gritar. Es una mezcla brutal de verla sufrir y gozar al mismo tiempo, una sabrosura que te la pide a gritos aunque le duela hasta los huesos.

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