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La flaquita, esa pendeja que parece que se va a romper con cualquier cosa, está increiblemente cachonda. Se sube encima de la verga y empieza a moverse como una batidora enloquecida, subiendo y bajando a toda velocidad, con el coño apretado y tragándosela entera. El tipo no puede más, solo se agarra de sus caderas huesudas y la deja hacer, mientras ella salta y rebota, con la cara de perra y el pelo por todas partes. «¡Así, cabrón, así!», grita, y le da unas sacudidas que dejan al temblar. La muchacha no para, sigue moviéndose como si no hubiera mañana, hasta que el tipo, ya no aguantando, le echa toda la leche adentro y ella sigue ahí, moviéndose, como si quisiera sacarle hasta la última gota.















