0 likes
La chavita llega y todos se quedan mudos. No es por su cara de buena, sino por ese tremendo culazo que se le marca hasta con el pantalón más holgado. Un culo de infarto, redondo, parado y que se mueve con una vida propia. Sus amigos, claro que lo notan, y no pierden oportunidad de hacerle un comentario picante o de darle una palmadita «casual» en la nalga. A ella le encanta, la muy perrita, y se da sus gustos. Se endereza para que se le vea mejor, camina moviéndolo como una diosa, y sonríe al sentir todas las miradas clavadas en su trasero, sabiendo que a cada uno de sus amigos le encantaría tener una oportunidad de clavarle algo más.















