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La novia, con ese culo enorme que se traga todo, se pone de cuatro y le mira por encima del hombro. «Pero la metes muy despacito…», le dice con vocecita de niña buena, mientras él le rozas el ojete con la cabeza de su verga. El tipo, obediente, la empieza a meter centímetro a centímetro, sintiendo cómo se le abre el culo, lentamente, hasta que se la traga entera. Ella jadea, se agarra de las sábanas y le pide: «Así, más lento, pendejo, que me duele rico». Él la folla con calma, a puro ritmo lento, mientras ella mueve ese culote en círculos, disfrutando cada segundo hasta que no aguanta más y le ruega que la deje de una vez por todas, a puro garrote.















