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¡Ay, compadre! ¿Te imaginas lo que pasó en la fiesta de la oficina? Pues resulta que la mexicana calienta chinchillas, bien borracha estaba pidiendo guerra como si no hubiera un mañana. Y estos dos compadres, más calientes que pipiripao, no se pudieron resistir a esa tentación. La agarraron entre los dos, como dos perros con hambre, y le dieron candela sin compasión. La chava gemía y gritaba, pidiendo más y más, mientras le daban al cuerito como si fuera el último día en la Tierra. Y ella, entre tragos y gemidos, gozaba como una perra en celo, dejándose llevar por el frenesí de la lujuria. ¡Vaya noche que se pegaron, puro fuego y pasión desenfrenada! ¡Esa mexicana sí que sabe cómo divertirse!















