Mariana se masturba hasta hacerse escurrir la vagina y mira que rica esta

Mariana se recuesta en su cama, con los ojos cerrados y una sonrisa pícara en los labios. Sus dedos son expertos en su propio cuerpo. Empieza despacio, frotando sus labios ya húmedos, luego se concentra en su clítoris, dibujando círculos que la hacen estremecer. El ritmo aumenta, su respiración se vuelve agitada. Mete dos dedos dentro, curvándolos para masajear ese punto que la vuelve loca. Siente cómo la presión sube, un calor que se expande por todo su vientre. Cuando el orgasmo la golpea, su cuerpo se arquea y un gemido largo y gutural llena el cuarto. Se queda así un momento, temblando, y luego mira hacia abajo. Con los dedos aún dentro, los saca lentamente, cubiertos de un brillo líquido. «Mira qué rica estoy», susurra para sí misma, viendo cómo su vagina sigue escurriendo, un testimonio húmedo y delicioso de su placer.

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