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La pendeja esta, toda una chibola lindísima, está en su cuarto con su novio, toda una perra de armas tomar. El güey la tiene en cuatro, partiéndole el orto a toda madre, mientras ella gime como una loca, tapándose la boca para no hacer ruido. De repente, se escuchan pasos en el pasadizo. «¡Cállate, mierda!», le susurra el pendejo, sin parar de meterle. La puerta se mueve un poco y la voz de su mamá se escucha: «Hija, ¿estás bien?». La chava, con la cara de pánico, responde: «Sí, mamá, es que me duele la panza». El cabrón, en vez de parar, le mete más fuerte, gozando el peligro. Una pendeja que casi es cachada por sus padres mientras la cogen como una perra en celo.















