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La mexicana está en cuatro, moviendo ese culote como un imán. El güey se acerca, le agarra la tanga de hilo dental y la hace de lado, dejando al descubierto ese ojito que ya tiembla de ganas. No pierde tiempo, le unta su baba y, con una embestida seca, le revienta el culo a fondo. La muy perrita grita, pero es un grito de puro placer, sintiendo cómo la parten por ese agujero sin compasión. Se la pasa aguantando el castigo, moviendo las caderas para que le den más y más duro, mientras él la agarra de las pelosas y la clava una y otra vez, dejándole el ojo abierto y bañado en leche, temblando como una perra acabada de coger.















