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La jovencita, con esas tetas enormes que se le caen de la blusa, le cumple la fantasía a su novio. Se acuesta en la cama, abre las piernas y saca ese dildo de plástico, brillante y listo para la acción. «¿Ves, pendejo? Esto es lo que quería que vieras», le dice, mientras se lo mete lentamente en la cuca, ya mojada y caliente. El novio se la queda viendo, con la verga parada, mientras ella se la sigue metiendo más hondo, gimiendo y moviendo las caderas. «¿Te gusta, cabrón? ¿Te gusta cómo me la pongo?», le susurra, y él, sin poder aguantar, se la empieza a masturbar al mismo ritmo, hasta que los dos se vienen juntos, uno con la mano y la otra con el dildo.















