0 likes
La fiesta en la casa de los abuelos se había calmado, y en el patio trasero, la jovencita mexicana calenturienta y su primo se quedaron solos, compartiendo una cerveza y el silencio de la noche. La mirada entre ellos cambió, la chispa familiar se transformó en un fuego prohibido. Él la acercó, y ella no se resistió. La besó con una hambre que no debería existir entre ellos. La subió a la mesa de picnic, levantándole su falda. No hubo palabras, solo la urgencia de sus cuerpos. Él se la metió, y ella gimió, no por el dolor, sino por el placer sucio y excitante de romper la regla más importante. Allí, bajo la luna, el primo se convirtió en su amante, follándola con una ferocidad que solo el tabú puede provocar.















