Follando a una chava colegial detrás de los salones

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La tarde estaba calurosa y llena de hormonas, perfecta para coger como animales en celo. Detrás de los salones, en un rincón oscuro y olvidado, se encontraba Juan, un chico caliente que no podía resistirse a la tentación de follar a una chava colegial. Su verga estaba dura como una roca, lista para desaparecer en la conchita caliente de alguna latina xxx gratis que se dejara llevar por la pasión.

La joven colegial, María, era una morenita de curvas sensuales y tetas grandes que buscaba emociones fuertes. Cuando Juan se le acercó, la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí, sin mediar palabra. Ella sonrió con picardía, sabiendo lo que le esperaba: una cogida salvaje detrás de los salones del instituto.

Entre jadeos y gemidos, Juan desabrochó la blusa de María, revelando unos pechos firmes que pedían a gritos ser manoseados. Él los apretó con fuerza, haciendo que sus pezones se endurecieran aún más. La joven arqueó la espalda, disfrutando de las caricias bruscas y excitantes.

«¡Qué buenas tetas tienes, putita!», exclamó Juan mientras mordisqueaba los pezones de María, quien gemía de placer. La colegial no se quedó atrás y bajó la mano directamente a la entrepierna de Juan, sintiendo su verga palpitante a través del pantalón. La frotó con destreza, provocando gemidos guturales en él.

La ropa pronto fue un estorbo, por lo que se deshicieron de ella con premura, quedando desnudos y listos para la acción. Juan empujó a María contra la pared y la levantó del suelo, apoyando sus piernas en sus hombros. Sin previo aviso, hundió su verga en la concha húmeda de la colegial, quien gritó de placer al sentirse invadida por completo.

«¡Sí, cógeme duro, papito! ¡Hazme tuya!», exclamó María entre gemidos, aferrándose con fuerza a los hombros de Juan. Este embestía con fiereza, sintiendo cómo su pija se adentraba hasta el fondo de la joven, quien arqueaba la espalda en un éxtasis de placer incontrolable.

Los gemidos y susurros llenaban el oscuro rincón, mezclándose con el sonido de la carne chocando. Juan agarró con fuerza las caderas de María, aumentando el ritmo de las embestidas y sintiendo cómo el sudor empezaba a empapar sus cuerpos en pleno acto de lujuria desenfrenada.

María, sintiéndose al borde del orgasmo, pidió a gritos que la cogieran por el culo. Juan no se resistió a su súplica y, con un rápido movimiento, sacó su verga de la concha ardiente de la colegial para posicionarla en la entrada de su ano. Sin miramientos, la penetró con fuerza, arrancando gemidos salvajes de ambos.

El sexo anal desató una vorágine de placer indescriptible. Juan embestía el culo de María con furia, sintiendo cómo su verga era devorada por el estrecho agujero. La colegial, entre gritos y gemidos, se retorcía de placer, disfrutando de la sensación de ser tomada de esa manera tan bruta y excitante.

«¡Sí, así, dame duro por el culo! ¡Hazme sentir tu verga hasta el fondo!», exclamaba María, entregada por completo al placer del sexo anal. Juan, sintiendo cómo el éxtasis se apoderaba de él, aumentó la intensidad de las embestidas, llegando al límite de sus fuerzas.

La inevitable venida estaba cerca. Juan sacó su verga del culo de María y la puso de rodillas frente a él. La colegial, con los ojos brillantes de deseo, abrió la boca de par en par, lista para recibir la lluvia de semen que se aproximaba. Sin contenerse más, Juan se masturbó frenéticamente, descargando chorros de leche caliente sobre el rostro y los pechos de María, quien disfrutaba cada gota con deleite.

Agotados y satisfechos, Juan y María se miraron con complicidad, sabiendo que aquella cogida detrás de los salones del instituto quedaría grabada en sus memorias para siempre. Con un beso apasionado, se vistieron lentamente y se despidieron, con la promesa tácita de repetir la experiencia en cuanto la pasión los volviera a invadir.

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