Desde hace días venía notando que mi prima, una latina culona adicta a los videojuegos, pasaba largas horas viciando en la play. La curiosidad y el morbo fueron creciendo en mí, y decidí espiarla para ver qué estaba haciendo. Una tarde, mientras ella estaba absorta en su juego, me acerqué sigilosamente y la vi con el joystick en la mano, moviéndolo con destreza. Me sorprendí al notar lo excitada que estaba, sus gemidos suaves denotaban una lujuria incontrolable.
Fue en ese momento que decidí actuar y me acerqué a ella, tomándola por sorpresa. Al principio se resistió, pero al sentir mi verga dura rozando su trasero, su actitud cambió por completo. Sin mediar palabra, comencé a manosear sus tetas grandes y firmes, notando lo erectos que estaban sus pezones bajo la ropa ajustada que llevaba puesta. Mi prima, sin decir nada, se dejó llevar por el momento y pronto estábamos desnudos, listos para coger como animales en celo.
La excitación se apoderó de nosotros y empecé a besar su cuello, descendiendo lentamente hacia sus nalgas perfectas. Mi lengua recorría cada centímetro de su piel, dejando un rastro de saliva que la hacía gemir de placer. Sin previo aviso, me abalancé sobre su culo, separando sus nalgas con mis manos y lamiendo su ano con ansias. Mi prima, entregada al deseo, se retorcía de placer, pidiéndome más y más.
No pude resistirme más y coloqué mi verga en la entrada de su concha empapada, lista para ser penetrada. Con un fuerte empujón, me adentré en su interior, sintiendo cómo apretaba mi pija con fuerza. Los gritos de placer de mi prima llenaban la habitación, incitándome a cogerla con más fuerza y brutalidad. Cada embestida era más profunda que la anterior, llevándonos a un éxtasis desenfrenado.
Entre gemidos y sudor, cambiamos de posición y mi prima se puso a cuatro patas, ofreciéndome su culo en pompa. Sin dudarlo, me lancé sobre ella y comencé a culearla con violencia, sintiendo cómo mi verga entraba y salía de su ano apretado. Los sonidos de nuestros cuerpos chocando resonaban en la habitación, mezclados con sus gemidos de placer y mis gruñidos de deseo.
El sexo anal nos llevó a un nivel de excitación extremo, donde el dolor se mezclaba con el placer de una manera indescriptible. Mi prima, entregada por completo a la lujuria, pedía más y más, rogando por una venida intensa que la hiciera perder la razón. Y yo, sin poder contenerme más, vacié mi semen caliente dentro de su culo, llenándola por completo y marcándola como mía.
Después de ese momento de éxtasis, nos quedamos tendidos en la cama, exhaustos y satisfechos. El calor de nuestros cuerpos desnudos se fundía en un abrazo apasionado, sellando nuestro pacto de deseo y lujuria. Mi prima, con la respiración entrecortada, me miró a los ojos y dijo con voz suave: «Gracias por hacer realidad todas mis fantasías más oscuras». Y yo, con una sonrisa perversa en los labios, supe que esta no sería la última vez que nos entregáramos al placer prohibido.













