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La chibola esta, toda una pendejita de colegio, quiere quedar bien con sus amigos y se cree la más perra. Se para en medio del salón, toda una zorra en ciernes, y empieza a desabrocharse la blusa, dejando al aire esas chuchitas nuevas que ni siquiera le han creído. Se baja la falda, mostrando ese culito de quinceañera y ese chochito recién salido del horno, todo peladito. Los pendejos, con los carotas de sorpresa, se la quedan mirando como si fuera la última coca-cola del desierto. «¿Así les gusta, muchachos?», pregunta, toda una pendeja arrogante. Una chibola que no sabe ni lo que hace, solo quiere ser la reina del colegio, aunque sea enseñando todo su cuerpo de niña.















