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¡Ay, compadre! Esta vez te cuento de una amiga chispeada que se animó a un viaje bastante movido en el microbús. La flaquita, bien peda, empezó a calentar el ambiente moviendo las caderas y luciendo de más sus encantos. Los vatos no pudieron resistirse y la rodearon como abejas a la miel. La morra, entre risas y gemidos, se dejó manosear, toquetear y hasta dio pie a que le sacaran la ropa. La cosa no paró ahí, ¡no, señor! Uno de los morrillos, cámara en mano, grabó todo el show. Y así, con el coche lleno de lujuria y la morra entregada, se armó la fiesta más caliente que ha visto el microbús en años. ¡Eso sí que fue un viaje inolvidable, compas!















