0 likes
La jovencita, una verdadera ninfómana, yace sobre la cama, su cuerpo temblando, bañado en sudor y el resultado de nuestro último clímax. Pero sus ojos, lejos de saciados, arden con una lujuria insaciable. El novio, exhausto, intenta separarse, pero ella lo detiene con las piernas, atrapándolo. «No, no pares», le suplica, su voz ronca por los gritos. «Sígueme cogiendo, más duro». Lo mira con una desesperación que es pura necesidad. «Soy una perra para ti, y necesito que me folles hasta que no pueda más. Dame todo, ahora». Su cuerpo, aunque cansado, responde a sus palabras, moviéndose de nuevo, pidiendo a gritos que la destruya y la vuelva a construir con cada embestida brutal.















