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¿Escuchaste bien, compa? La morrita colegiala, con su uniforme ajustadito, se pone lista para darle a la acción. Se agacha como perrito, meneando ese culito travieso y provocador. No deja nada a la imaginación, mostrando sus nalguitas suculentas y diciendo sin decir cómo quiere ser penetrada. Mira cómo se retuerce de placer, gemidos escapando de sus labios de manera desenfrenada. El vato, bien arrecho, no aguanta más y se le echa encima, agarrándola con fuerza y dándole con todo. Se escuchan los sonidos de la pasión, los cuerpos chocando con intensidad en un vaivén lujurioso. Una escena digna de dejar a cualquiera con ganas de más, con la morrita colegiala recibiendo su merecida dosis de placer y satisfacción. ¡Vaya cómo se la goza!















