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La morra caliente le está chupando el alma al chavo en su casita, pero de repente suelta un grito: «¡Apurate que van a llegar mis papas!». El compa, con el spaghetti a punto de explotar, le da con todo a la pendeja antes de que los viejitos la pillen en plena acción. La putita insaciable, con la concha chorreando y los pezones duros como piedras, se deja llevar por la adrenalina del riesgo y cabalga sobre la verga como si fuera la última de su vida. Entre gemidos de placer y susurros obscenos, la parejita goza al máximo antes de que la casa se convierta en un campo de batalla. ¡Una escena tan caliente que te va dejar queriendo más, con la piel de gallina y las ganas de coger a mil por hora!















