0 likes
A la novia de este man no hay que pedirle nada, ella toma la iniciativa. La mira con esos ojos de gata cazadora y baja por su cuerpo hasta encontrar su polla dura. Le fascina chupársela, es su ritual preferido. Sus labios se deslizan con una maestría que solo da la práctica, su lengua baila por el glande y lo lleva al borde del paroxismo. Pero su verdadero premio viene al final. Cuando él no puede más y descarga en su boca, ella no se aparta. Al contrario, lo recibe todo, juguetea con el semen caliente, lo saborea, lo traga lentamente con una sonrisa de satisfacción. Para ella, ese sabor salado y denso es el postre perfecto, la prueba de que ha cumplido bien su trabajo.















