Le doy mamadera a mi prima antes de que lleguen mis tíos

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Estaba yo cachondo como nunca, viendo videos de latinas xxx y pensando en las mejores latinas porno que había visto. En eso, llega mi prima, una zorra culona que siempre me pone la pija dura. Estábamos solos en casa, esperando que lleguen nuestros tíos, así que decidí aprovechar la oportunidad para cogérmela como se merecía. Le dije sin rodeos: «¿Qué te parece si te doy mamadera antes de que lleguen nuestros viejos?»

Mi prima, una latina caliente de tetas grandes, no pudo resistirse. Se acercó a mí y empezamos a besarnos con desenfreno, nuestras lenguas buscando explorar cada rincón de nuestras bocas hambrientas. Sentía su piel suave y caliente bajo mis manos, ansioso por tocar cada centímetro de su cuerpo. Con una mano empecé a sobarle las tetas, apretándolas con fuerza, mientras con la otra le bajaba los pantalones para descubrir su concha jugosa y lista para ser penetrada.

Ella gemía de placer, excitada por la situación prohibida en la que nos encontrábamos. Me arrodillé frente a ella y comencé a lamer su clítoris con ansias, chupando sus jugos vaginales con pasión. Su gemidos se volvían más intensos a cada lamida, mientras yo seguía disfrutando del manjar entre sus piernas. Sabía que no podíamos detenernos, el deseo nos consumía y la verga me pedía a gritos entrar en su concha ardiente.

Me levanté, bajándome los pantalones y mostrándole mi verga dura y lista para cogérmela como nunca. Mi prima se arrodilló frente a mí, con una mirada de lujuria en sus ojos, ansiosa por tener mi pija dentro de su boca. Sin decir una palabra, abrió sus labios y comenzó a mamarme la verga con destreza, su lengua jugueteando con mi glande, su saliva lubricando cada centímetro de mi miembro. Era como un sueño hecho realidad, ver a mi prima mamando mi verga como toda una puta.

La cogí de los cabellos, marcando el ritmo de la mamada, mientras ella se atragantaba con mi verga, esforzándose por tragársela entera. Sus ojos llorosos me excitaban aún más, sabiendo que disfrutaba cada embestida de mi pija en su garganta. Era una escena digna de los videos de latinas xxx más calientes que había visto, pero esta vez era real, era mi prima siendo mi puta personal.

No pude contenerme más y la levanté, lanzándola sobre el sofá y separando sus piernas de par en par. Su concha estaba empapada, lista para recibir mi verga con ansias. Me abalancé sobre ella, introduciendo mi pija de un solo golpe, sintiendo como se estremecía de placer con cada embestida. Nuestros cuerpos chocaban con violencia, el sonido de la carne contra la carne llenaba la habitación, mientras gemíamos como animales en celo.

Le dije entre jadeos: «¡Eres una puta caliente, prima! ¡Te voy a coger hasta que te duela!». Ella solo gemía y pedía más, disfrutando de cada embestida como si fuera la última. No podía creer lo viciosa que podía llegar a ser mi prima, pero eso solo hacía que mi verga se pusiera más dura dentro de su concha ardiente.

Después de culearla sin piedad durante un buen rato, decidí que era hora de probar algo más salvaje. Le dije: «¿Qué te parece si te doy sexo anal, puta?». Ella asintió con deseo en los ojos, ansiosa por sentir mi verga en su culo. La lubriqué bien con saliva y empecé a meterla poco a poco, sintiendo como su ano se abría ante la invasión de mi pija. Sus gemidos se mezclaban con gritos de placer, mientras yo disfrutaba del estrecho y caliente interior de su culo.

La cogí por el culo con fuerza, sintiendo como mi verga se deslizaba dentro de ella con facilidad, embistiéndola sin piedad. Cada embestida hacía que sus nalgas temblaran de placer, el sonido de mis huevos golpeando contra su piel resonaba en la habitación. Era una escena digna de los mejores latinas porno que había visto, pero esta vez era mi prima la protagonista, siendo cogida por mi verga sin compasión.

Finalmente, sentí que no podía contenerme más y anuncié que me iba a venir. Mi prima se puso de rodillas frente a mí, con la boca abierta y la lengua fuera, ansiosa por recibir mi venida en su rostro. Con un gruñido de placer, dejé salir todo mi semen sobre su cara de zorra, pintándola de blanco con cada chorreada de leche caliente. Ella sonreía con satisfacción, saboreando mi semen como si fuera el manjar más delicioso.

Nuestro encuentro prohibido había sido salvaje, sucio y extremadamente placentero. Nos vestimos rápidamente, justo a tiempo antes de que llegaran nuestros tíos. Nos miramos con complicidad, sabiendo que aquella tarde quedaría marcada en nuestra memoria para siempre. Y todo gracias a que decidí darle mamadera a mi prima antes de que llegaran nuestros viejos.

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