Quieres ver mi trasero.. le dice la chica

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La habitación olía a sexo barato y sudor. En el centro, una latina mexicana con un cuerpo de infarto se acercaba a su amante con gesto travieso.

—¿Quieres ver mi trasero, cabrón? —le susurró con voz ronca, mientras se desabrochaba lentamente los vaqueros ajustados, dejando al descubierto unas nalgas redondas y tentadoras.

El tipo, excitado por la imagen, no pudo contenerse y se abalanzó sobre ella, agarrándole las caderas con fuerza. Sin mediar palabra, comenzó a acariciar su piel morena y suave, deslizando sus manos por su espalda hasta llegar a su culo perfecto.

La chica gimió de placer al sentir los dedos del hombre explorando cada rincón de su anatomía. Con movimientos precisos, él separó sus nalgas y hundió su rostro entre ellas, inhalando el aroma a sexo que emanaba de su entrepierna.

Ella gemía y se retorcía de placer, ansiosa por sentir la verga dura de su amante penetrándola. Levantó la vista y lo miró con ojos llenos de deseo.

—¿Te gusta lo que ves, papi? ¿Quieres cogerme como la puta que soy? —dijo con voz provocativa, mientras se mordía el labio inferior con lujuria.

El hombre asintió con ansias, deseando poseerla por completo. Sin perder tiempo, la empujó contra la cama y la tumbó boca abajo, dejando su trasero en pompa y listo para ser tomado.

Con agilidad, se quitó los pantalones y sacó su verga erecta, lista para adentrarse en lo más profundo de la mujer. Sin contemplaciones, la penetró con fuerza, haciéndola gemir y gritar de placer.

Cada embestida era más intensa que la anterior, haciendo que sus cuerpos chocaran con violencia y deseo. La habitación resonaba con los sonidos de la cogida salvaje que estaban compartiendo.

La mujer arqueaba la espalda y se agarraba con fuerza a las sábanas, entregándose por completo al placer que le estaba proporcionando su amante. Sus gemidos se mezclaban con los gruñidos de él, creando una sinfonía de sexo desenfrenado.

De repente, el hombre decidió cambiar de posición y la puso a cuatro patas, ofreciéndole su culo en todo su esplendor. Sin dudarlo, la embistió por detrás con fuerza, sintiendo cómo su verga se abría paso en su interior estrecho y húmedo.

La sensación de tenerla así, sometida y lista para ser cogida, lo volvía loco de deseo. Sus manos se aferraban a sus caderas con firmeza, marcando un ritmo frenético y desenfrenado.

Los gemidos se intensificaron, mezclando dolor y placer en una danza erótica que los llevaba al límite de la lujuria. La mujer gritaba pidiendo más, ansiosa por sentirlo más adentro, más fuerte, más intenso.

El hombre, sintiendo que ya no podía contenerse más, aumentó la velocidad de sus embestidas, sintiendo cómo el orgasmo se aproximaba a pasos agigantados. Con un gruñido gutural, se dejó llevar por la pasión y se dejó ir dentro de ella, liberando toda su venida en su interior.

La mujer, sintiendo el calor de su semen llenándola, se dejó caer exhausta sobre la cama, saboreando el éxtasis de la cogida que acababan de compartir.

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