Cogiendo sabroso a una chavita tímida de la prepa

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La chavita que conocí en la prepa tenía un aire tímido, pero en la intimidad se convertía en una diosa del sexo. Sus curvas latinas xxx me volvían loco, y no podía resistir la tentación de cogerla sabroso. Una tarde, en su casa, nos entregamos al deseo desenfrenado que nos consumía.

Comencé besando su cuello, sintiendo su piel suave bajo mis labios mientras mis manos exploraban sus tetas pequeñas pero firmes. Ella gemía suavemente, excitada por la intensidad del momento. Deslicé mi mano bajo su falda corta y descubrí su concha mojada, lista para ser penetrada por mi verga ansiosa.

«¡Métemela toda, papi! ¡Hazme tuya!», me suplicó con voz entrecortada. No me hice del rogar y la penetré con fuerza, sintiendo cómo se apretaba alrededor de mi pija dura. Los gemidos se convirtieron en gritos de placer mientras la cogía sin descanso, disfrutando de cada embestida.

Su cara de inocencia se transformaba en una expresión de deseo desenfrenado, y me excitaba aún más verla tan entregada. Le pedí que se diera la vuelta, quería ver su culo en acción. Sin dudarlo, se puso en posición y abrí sus nalgas, preparando el camino para una cogida anal salvaje.

«¡Qué culito más apretado tienes, putita! ¡Voy a destrozarte a pollazos!», le advertí mientras mi verga se abría paso en su estrecho agujero. Ella gritaba de placer, pidiendo más y más, disfrutando cada embestida como si fuera la última de su vida.

El sudor cubría nuestros cuerpos mientras seguíamos culeando sin parar, en un frenesí de sexo desenfrenado. Sus gemidos se mezclaban con mis gruñidos de placer, creando una sinfonía obscena que llenaba la habitación con un aura de lujuria incontrolable.

La tomé con fuerza de las caderas, marcando el ritmo de nuestras embestidas, disfrutando de la sensación de poder y dominio sobre su cuerpo. Sus tetas rebotaban con cada embestida, invitándome a saborearlas con mi lengua hambrienta de placer.

«¡Métemela más duro, cabrón! ¡Hazme venir con tu verga!», me exigía entre gemidos y suspiros de placer. No podía resistirme a su súplica y aumenté la intensidad de mis embestidas, sintiendo cómo el éxtasis se acercaba con cada segundo que pasaba.

Finalmente, la cogida llegó a su clímax, y ambos llegamos juntos al punto de no retorno. Con un grito gutural, vacié mi semen dentro de ella, sintiendo cómo su concha se contraía alrededor de mi verga, exprimiéndome hasta la última gota de placer.

Nos quedamos abrazados, sudorosos y exhaustos, disfrutando de la calma después de la tormenta de pasión desenfrenada. Aún podía sentir el calor de su cuerpo contra el mío, recordando cada momento de nuestra cogida sabrosa como si fuera un sueño erótico hecho realidad.

Después de un rato de recuperarnos, nos miramos a los ojos y nos dimos cuenta de que esta sería solo la primera de muchas sesiones de sexo salvaje que compartiríamos juntos. La chavita tímida de la prepa se había convertido en mi amante insaciable, lista para cualquier fantasía que quisiera cumplir.

Así, entre gemidos, sudor y el aroma de sexo en el aire, nos entregamos nuevamente al placer prohibido, explorando cada rincón oscuro de nuestra lujuria desenfrenada. La noche apenas comenzaba, y nosotros estábamos listos para seguir culeando hasta el amanecer.

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