Morrita adolescente se estimula con un marcador

272 views
0 likes
GRUPO TELEGRAM AQUI

La morrita adolescente se encontraba en su habitación, con la puerta cerrada y la música a todo volumen para asegurarse de que nadie pudiera escuchar sus gemidos de placer. Estaba vestida con una minifalda corta y una ajustada blusa que apenas podía contener sus tetas jóvenes y firmes. Su mirada traviesa denotaba la excitación que sentía al tener entre sus manos un marcador grande y grueso.

Se mordió el labio inferior mientras deslizaba lentamente el marcador por su muslo, sintiendo cómo la punta fría provocaba un cosquilleo en su piel. Sin perder más tiempo, decidió pasar a la acción y levantó su falda, dejando al descubierto su tanguita mojada. Con movimientos circulares, empezó a frotar el marcador contra su entrepierna, sintiendo cómo la humedad de su concha se impregnaba en el plástico.

«¡Oh sí, qué rico se siente esto!», murmuraba la morrita mientras cerraba los ojos y se perdía en las sensaciones que le provocaba la estimulación. Sus gemidos se volvían cada vez más intensos, mezclándose con el sonido de la música que resonaba en la habitación.

De repente, la puerta se abrió de golpe y entró su vecino, un hombre mayor con una verga enorme que estaba ansioso por cogerse a la jovencita caliente que tenía frente a él. Sin decir una palabra, se acercó a ella y le quitó el marcador de las manos, reemplazándolo con su pija dura y palpitante.

«¿Qué carajos estás haciendo, putita? ¿Te crees muy lista jugando con eso? Ahora vas a saber lo que es bueno de verdad», gruñó el vecino mientras empujaba a la morrita hacia la cama y la obligaba a arrodillarse frente a él.

La adolescente, excitada y asustada al mismo tiempo, sabía que no podía resistirse al hombre que le ofrecía una cogida salvaje. Sin pensarlo dos veces, abrió la boca y comenzó a mamar la verga del vecino con ansias, sintiendo cómo el sabor salado del sudor se mezclaba con el preseminal que brotaba de la pija de aquel desconocido.

«¡Traga toda mi verga, zorra! ¡Te voy a enseñar a portarte bien!», ordenó el vecino mientras agarraba la cabeza de la morrita y la hacía atragantarse con su pija. Los ruidos de succión se hacían cada vez más fuertes, acompañados por los gemidos de placer de la jovencita sometida.

Después de un rato de mamadas intensas, el vecino decidió que era hora de pasar a la siguiente fase y levantó a la morrita para lanzarla sobre la cama, dejándola con las piernas abiertas y la tanguita a un lado. Sin mediar palabra, se colocó entre sus muslos y la penetró sin piedad, sintiendo cómo la humedad de su concha envolvía su verga con un calor delicioso.

«¡Así es como se coge a una puta como tú, concha mojada y apretada! ¡Te voy a destrozar el culo hasta que no puedas más, pendeja!», gritaba el vecino mientras embestía a la morrita con furia, haciéndola gemir de dolor y placer al mismo tiempo.

La adolescente se retorcía de placer bajo el cuerpo del hombre que la tenía completamente dominada. Sentía cómo su cuerpo se estremecía con cada embestida, cómo su culo era invadido por una pija tan grande que parecía no tener fin. Los sonidos de la carne golpeando contra la carne resonaban en la habitación, mezclándose con los gemidos y los gritos de ambos protagonistas.

Después de un rato de sexo desenfrenado, el vecino decidió que era momento de probar algo aún más extremo. Sacó su verga del culo de la morrita y la obligó a ponerse en cuatro, dejando su ano expuesto y listo para ser penetrado. Sin darle tiempo a reaccionar, el hombre la embistió con fuerza, sintiendo cómo su pija se abría paso en un territorio prohibido y estrecho.

«¡Ah, sí, así me gusta, sentir tu culito apretado apretando mi verga! ¡Eres una puta insaciable que quiere ser cogida por todos lados, ¿verdad?», exclamó el vecino mientras seguía culeando a la morrita con una ferocidad incontrolable.

Los gemidos de la adolescente se mezclaban con los gritos del vecino, formando una sinfonía de placer y dolor que los envolvía por completo. El sudor cubría sus cuerpos, la saliva se escurría por sus bocas y el semen empezaba a brotar de la pija del hombre, anunciando una venida inminente.

Finalmente, con un último empujón, el vecino se dejó ir y llenó el culo de la morrita con su semen caliente, sintiendo cómo el líquido viscoso se mezclaba con los fluidos de la adolescente. Ambos se dejaron caer exhaustos sobre la cama, respirando agitadamente y sintiendo cómo el placer los invadía por completo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *