263 views
0 likes
¡Mira tú, qué calentura en la sala de la casa de los papis! La parejita no se aguantó las ganas y se pusieron a darle duro al asunto. Se desataron como animales en celo, con gemidos y susurros de placer que retumbaban por toda la sala. La flaca se montó en el chico como si no hubiera un mañana, moviéndose al ritmo de la música del reguetón más pegajoso. Él la agarraba con fuerza, apretándola contra su cuerpo como si fuera su última vez. La temperatura subía sin control, el sudor bañaba sus cuerpos en un frenesí de lujuria desmedida. No podían parar, solo querían más y más, explorando cada rincón de sus cuerpos en un torbellino de deseo desenfrenado. ¡Qué pedazo de escena!















